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Palacios_San_petersburgo
28 junio 2019

San Petersburgo de palacio en palacio

Tiene una lista interminable de joyas que la convierten en una ciudad única, desde inmensos jardines urbanos en los que perderse para descansar en las horas muertas hasta museos de aquellos que hay que visitar una vez en la vida, como es el caso del Hermitage Museum (una de las mayores colecciones de arte y pinacotecas del mundo, no muy lejos en relevancia respecto del Louvre de París). Se trata de San Petersburgo, la ciudad más monumental de todo Rusia.

Y siendo la ciudad de los zares por excelencia, si hay algo de lo que no anda corto San Petersburgo es de palacios capaces de transportarte en un solo segundo a un mundo de elegantes salones, escaleras de mármol e increíbles ornamentos de la más cuidada artesanía.

De entre los palacios más impresionantes de San Petersburgo, hay tres que no puedes dejar de incluir en tu ruta de viaje a la historia más auténtica del país: los palacios de Peterhof, Pushkin y de Yusupov.

El Palacio de Peterhof es una visita obligada ya no solo por el conjunto de palacios que conforman el complejo residencial, sino también por los inmensos jardines que lo rodean. Tal vez hayas escuchado referirse al palacio de Peterhof como el Versalles ruso, y no sin buenas razones para hacerlo. Es Patrimonio de la Humanidad y forma un conjunto de construcciones y jardines único el mundo. Es el palacio a visitar cuando el tiempo escasea y debemos decantarnos por el más singular.

El Palacio de Yusupov es, por su parte, uno de los mejores valorados por quienes tienen la suerte de ir a parar a San Petersburgo en sus vacaciones. El palacio perteneció a una de las familias más ricas de la ciudad tiempo atrás, los Yasupov, y alberga la historia de Rasputín y su trágico final entre los muros del palacio. Una visita para la que merece la pena contratar la guía en español.

Por último, otra visita a contemplar es la del Palacio Pushkin, también llamado Palacio de Catalina. Está situado al sur de la ciudad (a unos 30 kilómetros del centro, ojo con las distancias), y fue otra de las residencias de verano de los zares rusos. Son especialmente famosos el salón de baile y la Cámara de Ámbar, una sala del mayor lujo con una decoración cuidada al detalle y elaborada a partir de miles de astillas de ámbar.

Si quieres sentirte como un zar y experimentar la vida de palacio por un día, aprovecha el buen tiempo y pon rumbo a San Petersburgo.

Foto | Ninara

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