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sala de lectura Labrouste
19 abril 2017

En París, estudiando a lo grande

Cuánto nos gustan las bibliotecas, ¿verdad? Estos espacios de estudio nos dan cobijo, compañía y fuerza del grupo cuando necesitamos sacar adelante esas largas horas de codos y libros. Afortunadamente, las bibliotecas no tienen porque ser lugares aburridos y fríos, sino todo lo contrario. Y para ejemplos, los de París (oh, París).

La capital de Francia ha presentado orgullosa la mayor biblioteca mundial de arte y patrimonio o, lo que es lo mismo, la renovada Biblioteca Nacional de Francia (BNF). Fue el pasado mes de enero, coincidiendo con el estreno del año. Hasta entonces, el emplazamiento de Richelieu había sido un coto cerrado para investigadores pero, al fin, se abre al alcance de todos. ¿Cómo no aprovechar tal oportunidad si uno es estudiante en París?

La renovación de la biblioteca en su sede de Richelieu es especial. En palabras de su directora, se trata de “la obra más importante de los últimos seis años en cultura”. Nadie debería perderse la sala de lectura Labrouste, que con sus 1.150 metros cuadrados, nueve cúpulas, 16 columnas de diez metros y capacidad para 400 personas, acoge ahora la más relevante biblioteca mundial de arte, arqueología y patrimonio, con un millón setecientos mil documentos en veinte kilómetros de estantes. Y todo bañado por una maravillosa luz natural. ¡Una maravilla arquitectónica!

Aunque hay que pagar para entrar, vale la pena. Además de los abonos de lector –15 euros anuales-, el pase de un día cuesta solo 3,90€, mientras que el de 17 a 20 horas, es gratis. Además, existen taquillas para visitar sus magníficos museos.

La remozada sede de la BnF, la biblioteca pública más importante de Francia y una de las más importantes del mundo, se encuentra en 5, rue Vivienne, París II (metro: Bourse). Cerca se halla la basílica Notre-Dame-des-Victoires, además de los jardines de “Le Palais Royal”. Sencillos, bonitos, con zonas para sentarse… merece la pena ir a verlos, recorrerlos y pasearlos.

Estudiar en París es una suerte. Y poder visitar las novedades de la ciudad, como la renovada Biblioteca Nacional de Francia (BNF) y su sala de lectura Labrouste, con esos techos tan impactantes, aun más.

Foto | Juanedc

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